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El día que Nietzsche lloróDe Irvin D. YalomPor Susana Weingast
Octubre 07 |
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La obra se basa en lo inconsciente como representación teatral. Sigmund Freud tiene apenas 24 años y es testigo del encuentro entre su maestro -el doctor Josef Breuer (Claudio Da Passano), y Friedrich Nietzsche, (Luciano Suardi ) filósofo maldito precipitado, tanto o más que su médico, hacia el abismo de sus obsesiones.
Ambos actores interpretan brillantemente sus roles y con el resto del elenco, dormado por Emilia Paino, Flor Dyszel, Pablo Marjuzzi y Paula Rebagliatti, conforman un grupo muy parejo en la puesta con una magnífica adaptación y dirección.
Situada a finales de noviembre de 1882, está ambientada en la sociedad culta vienesa en la que se destacan el confort y la estabilidad económica. El psicoanálisis apenas comienza a perfilarse como una teoría, se ocupa de la histeria en sí, haciendo hincapié en hechos reales como el caso Ana O.
La época histórica es evocada por el vestuario, que sin dejar de tener un carácter plástico, destaca rasgos de cada personaje: las mujeres aparecen en colores y texturas suaves, dando cada una pauta de su esencia.
En los hombres, los colores son neutros lo cual exacerba la angustia.
La escenografía presenta dos planos divididos por una estructura metálica, el del inconsciente y el de la realidad, el arriba y el abajo perfectamente logrados, excelente labor de Julieta Ascar.
La escalera es la conexión simbólica que une esos dos planos, los personajes suben y bajan viendo a sus propios espíritus en el plano superior, en un espacio onírico, para enlazar las difíciles decisiones en el plano inferior que es el plano de lo conciente. © 2007
Susana Weingast
Fotos cortesía de www.alternativateatral.com
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A MODO DE COMENTARIO:
Pero era principalmente en la ficción donde encontraba refugio, un mundo más satisfactorio, una fuente de inspiración. Como resultado de sus más importantes investigaciones, al principio de su carrera dedicó su esfuerzo por comprender y enseñar la psicoterapia y se sintió fascinado por dos de las principales aproximaciones a la cuestión: la terapia de grupo y la terapia existencial. Nos relata que los logros materiales o el éxito no conducen a la felicidad, que es importante tener conciencia de nuestra propia finitud y advierte que con el correr de los años, a su criterio, la farmacoterapia, reemplazará a la psicoterapia Reside en California con su esposa, Marilyn y sus cuatro hijos viven en el área comprendida en la Bahía de San Francisco, habiendo elegido una variedad de carreras (medicina, fotografía, escritura creativa, dirección de teatro, y psicología clínica respectivamente). Cuenta ya con quince nietos. Sus más famosas obras – entre otras de menor importancia – son: "La práctica y teoría de Psicoterapia en grupo" "Psicoterapia existencial" "El día que Nietzsche lloró" "Recostado en el sofá"
"Momma y el significado de la
vida
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