• Buenos Aires - Argentina / Miami - USA /Santiago - Chile /Barcelona - España

"Diversas formas de expresión en el Arte"

EL ESPEJO EN LAS LEYENDAS

He aquí varias leyendas populares y anónimas que se han contado de generación en generación con el espejo como un protagonista.



“El espejo de Matsuyama” - Anónima

En Matsuyama, lugar remoto de la provincia japonesa de Echigo, vivía un matrimonio de jóvenes campesinos que tenían como centro y alegría de sus vidas a su pequeña hija.

Un día, el marido tuvo que viajar a la capital para resolver unos asuntos y, ante el temor de su mujer por viaje tan largo y a un mundo tan desconocido, la consoló con la promesa de regresar lo antes posible y de traerle, a ella y a su hijita, hermosos regalos.

Después de una larga temporada, que a la esposa se le hizo eterna, vio por fin a su esposo de vuelta a casa y pudo oír de sus labios lo que le había sucedido y las cosas extraordinarias que había visto, mientras que la niña jugaba feliz con los juguetes que su padre le había comprado.

-Para ti -le dijo el marido a su mujer- te he traído un regalo muy extraño que sé que te va a sorprender. Míralo y dime qué ves dentro.

Era un objeto redondo, blanco por un lado, con adornos de pájaros y flores, y, por el otro, muy brillante y terso.
Al mirarlo, la mujer, que nunca había visto un espejo, quedó fascinada y sorprendida al contemplar a una joven y alegre muchacha a la que no conocía. El marido se echó a reír al ver la cara de sorpresa de su esposa.

-¿Qué ves? -le preguntó con guasa.

-Veo a una hermosa joven que me mira y mueve los labios como si quisiera hablarme.

-Querida -le dijo el marido-, lo que ves es tu propia cara reflejada en esa lámina de cristal.

Se llama espejo y en la ciudad es un objeto muy corriente.
La mujer quedó encantada con aquel maravilloso regalo; lo guardó con sumo cuidado en una cajita y sólo, de vez en cuando, lo sacaba para contemplarse.

Pasaba el tiempo y aquella familia vivía cada día más feliz. La niña se había convertido en una linda muchacha, buena y cariñosa, que cada vez se parecía más a su madre; pero ella nunca le enseñó ni le habló del espejo para que no se vanagloriase de su propia hermosura.

De esta manera, hasta el padre se olvidó de aquel espejo tan bien guardado y escondido.

Un día, la madre enfermó y, a pesar de los cuidados de padre e hija, fue empeorando, de manera que ella misma comprendió que la muerte se le acercaba. Entonces, llamó a su hija, le pidió que le trajera la caja en donde guardaba el espejo, y le dijo:

-Hija mía, sé que pronto voy a morir, pero no te entristezcas. Cuando ya no esté con ustedes, prométeme que mirarás en este espejo todos los días. Me verás en él y te darás cuenta de que, aunque desde muy lejos, siempre estaré velando por ti.

Al morir la madre, la muchacha abrió la caja del espejo y cada día, como se lo había prometido, lo miraba y en él veía la cara de su madre, tan hermosa y sonriente como antes de la enfermedad.

Con ella hablaba y a ella le confiaba sus penas y sus alegrías; y, aunque su madre no le decía ni una palabra, siempre le parecía que estaba cercana, atenta y comprensiva.
Un día el padre la vio delante del espejo, como si conversara con él. Y, ante su sorpresa, la muchacha contestó:

-Padre, todos los días miro en este espejo y veo a mi querida madre y hablo con ella.
Y le contó el regalo y el ruego que su madre la había hecho antes de morir, lo que ella no había dejado de cumplir ni un solo día.

El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió a decirle que lo que contemplaba todos los días en el espejo era ella misma y que, tal vez por la fuerza del amor, se había convertido en la fiel imagen del hermoso rostro de su madre.


“Leyenda oriental” Anónima

“Dice la leyenda que en oriente un sultán ofreció un reino a quien lograra realizar el más bello arte en su palacio. Los chinos y los árabes acudieron a la convocatoria y el sultán aseguró que el reino sería para quien probara ser el mejor.

Les adjudicó un espléndido salón a cada uno, donde quedaron frente a frente, y también les otorgó un plazo razonable para la ejecución de la obra.

Pasado el tiempo, las puertas permanecían cerradas y un silencio de expectación crecía a cada instante; hasta que un día, los chinos anunciaron que abrirían las puertas para mostrar su creatividad.

Entonces, la expectación fue más grande.

Llegado el momento, el sultán reunió a los súbditos para que fuesen testigos de tal maravilla, y, después de ciertos preparativos y ordenamientos, tanto rey como súbditos quedaron absortos y fascinados, cuando los chinos dejaron apreciar su arte exquisito.

El sultán, convencido de que no podría existir algo más sublime, dijo a los chinos que el reino era suyo; al menos que los árabes mostraran algo mejor.

Los árabes entonces abrieron sus puertas y el salón estaba vacío.

No había nada, excepto una cortina que al ser descorrida reveló el arte de los árabes: era sólo un espejo pulido de la herrumbre, donde podía reflejarse en su totalidad el arte de los chinos.

El reino fue entregado a los árabes.

Este relato es una alegoría sufi que alude, entre otras cosas, al corazón del hombre el cual tiene que “ser pulido” para que pueda reflejar el corazón del otro; pero también lo traigo a cuenta para recordar que el espejo es un símbolo eterno que la mente evoca; la magia…”


“El espejo chino” - Anónimo

“Un campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su mujer le pidió que no se olvidase de traerle un peine.

Después de vender su arroz en la ciudad, el campesino se reunió con unos compañeros, y bebieron y lo celebraron largamente. Después, un poco confuso, en el momento de regresar, se acordó de que su mujer le había pedido algo, pero ¿qué era?

No lo podía recordar. Entonces compró en una tienda para mujeres lo primero que le llamó la atención: un espejo. Y regresó al pueblo.

Entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas.

La mujer le dio el espejo y le dijo: -Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.
La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:
-No tienes de qué preocuparte, es una vieja”.


“El espejo del cofre” - Anónimo

“A la vuelta de un viaje de negocios, un hombre compró en la ciudad un espejo, objeto que hasta entonces nunca había visto, ni sabía lo que era. Pero precisamente esa ignorancia lo hizo sentir atracción hacia ese espejo, pues creyó reconocer en él la cara de su padre.

Maravillado lo compró y, sin decir nada a su mujer, lo guardó en un cofre que tenían en el desván de la casa. De tanto en tanto, cuando se sentía triste y solitario, iba a "ver a su padre".

Pero su esposa lo encontraba muy afectado cada vez que lo veía volver del desván, así que un día se dedicó a espiarlo y comprobó que había algo en el cofre y que se quedaba mucho tiempo mirando dentro de él.

Cuando el marido se fue a trabajar, la mujer abrió el cofre y vio en él a una mujer cuyos rasgos le resultaban familiares pero no lograba saber de quién se trataba.

De ahí surgió una gran pelea matrimonial, pues la esposa decía que dentro del cofre había una mujer, y el marido aseguraba que estaba su padre.

En ese momento pasó por allá un monje muy venerado por la comunidad, y al verlos discutir quiso ayudarlos a poner paz en su hogar. Los esposos le explicaron el dilema y lo invitaron a subir al desván y mirar dentro del cofre.

Así lo hizo el monje y, ante la sorpresa del matrimonio, les aseguró que en el fondo del cofre quien realmente reposaba era un monje zen”.


“El Espejo de las Sombras” – Creencia Popular

“Una vez un hombre compró un espejo, porque le llamó la atención su marco negro y que al mirarte en él sólo te vieras como una sombra.

El hombre tenía una hija muy guapa y presumida, a la que él regaló el espejo. La niña no se veía como una sombra, y se pasaba el día delante del espejo. A las dos semanas la niña se enfermó y no encontraban ninguna medicina para curarla porque no sabían la enfermedad que tenía.

Aunque la niña estaba enferma se seguía mirando al espejo. El padre de la niña se dio cuenta de que mientras se miraba al espejo la niña se quedaba hipnotizada, luego salía una sombra y le robaba parte de su belleza y vitalidad.

Al darse cuenta de esto el padre rompió el espejo y empezaron a salir sombras que fueron devolviendo lo que habían robado a todas las niñas.
Después las sombras desaparecieron y todo volvió a la normalidad”. © 2015


Susana Weingast


© Susana Weingast – Todos los derechos reservados