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"Diversas formas de expresión en el Arte"

EL COLOR COMO CAUSA Y EFECTO

Cuando un artista observa una paleta llena de colores, recibe dos estímulos, reconoce los atributos de cada color y siente una sensación física que provoca una emoción; esta emoción puede convertirse en evocación de un evento anterior, una vivencia psicológica o emociones aún más profundas, que son simbólicas y propias de cada individuo.

Ese efecto psicológico que provoca el color produce un movimiento del ánimo, que por asociación influye de tal manera que provoca en el cuerpo diversas sensaciones.

El hombre estudia las teoría de los colores y las formas, pero si el artista sigue aferrándose a la teoría y no aplica su sentir con libertad, nunca conseguirá resultados artísticos.

En la obra de arte, el equilibrio o desequilibrio de la misma es interno de cada artista, y la gramática pictórica no se encuentra en los libros de estudio sino en el interior de cada artista.

Esta presión interna, a veces no reconocida ni siquiera por el mismo autor, hace que la expresión misma se vea plasmada, no como copia del color externo o de la naturaleza sino como opciones o preferencias basadas en la libertad y la intuición.

Mucho se ha teorizado desde mediados del siglo XVIII sobre la percepción conceptual del color. Pintores, historiadores del arte y físicos, entre otros, han aportado sus explicaciones positivistas sobre el color.
La segunda manera de percibir el color, de manera simbólica, por preferencia, por elección o por rechazo, sin saber el por qué, es el simbolismo visto a través de su ubicación en el espacio; ya que el color en sí, es uno de los símbolos más potentes de la civilización, se adentra en la prehistoria y en la explicación atávica del hombre.

Por medio de afirmaciones sobre su impresión profunda y específica, accederemos al terreno de cuál es el color que produce un efecto importante y decidido sobre cada uno y su intervención en el ánimo, provocando expresiones cromáticas emocionales.

Este efecto provoca una relación entre las neuronas transmisoras del color y las transmisoras del resto de sensaciones, en el impresionante complejo del telar mágico que constituye el cerebro humano.

Todas estas reacciones psicofísicas son pautadas simbólica y culturalmente, y también de acuerdo a nuestras preferencias, pero la mayoría de las veces son aplicadas de manera inconsciente.

Existen muchos estudios sobre las preferencia individuales.

Algunos artistas prefieren los colores cálidos como, amarillo rojizo, naranja, rojo amarillento y predisponen un humor excitado, vivaz, combativo; indican un carácter extrovertido, optimista y suelen ser personas de reacciones rápidas.

Los que prefieren los colores fríos y apagados, son por lo general introvertidos, poco adaptables a las sugestiones del mundo exterior, reservados y de carácter melancólico.

Los colores son azul, azul rojizo, violáceo y rojo azulado, crean una sensación de intranquilidad, blanda y nostálgica.

Aunque nos llame la atención la negación de algún color, puede ser significativo en la obra de un determinado artista, ya que al negarlo, rechaza la sensación que le provocaría.

La negación del color, puede demostrar a veces rechazos, y dar pautas al observador de los porqué de esa negación.

Los pintores de colores monocromáticos, los que prefieren las paletas frías, demuestran al observador diversos estados de sensaciones, a veces adrede y otras veces de manera no intencional.

También es importante en un cuadro o pintura, la proporción o extensión de un color en especial, que seleccionará el artista para la mayor superficie y su valor o intensidad; además, cuántos colores combina y de qué manera los dispone o cómo están ubicados dentro del simbolismo del espacio.

Los demás colores que son utilizados por el artista, racionalmente o no, de acuerdo a una combinación interna y preferencial, logran una sintaxis propia de expresión, que se ubica en el cuadro igual que las notas y acordes en una melodía. © 2004

Susana Weingast




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