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"Diversas formas de expresión en el Arte"

UNA PINTURA Y UNA CANCION

Al observar un cuadro nuestra atención es captada, en primer lugar, por la totalidad de la obra. Luego, nuestra vista selecciona el fondo o la figura; elige, registra, reconoce, dándole un nombre a cada signo u objeto descifrado.

Al mirar un paisaje, el espectador elige lo que más le atrae, un determinado árbol, una persona caminando por un sendero o el color del cielo. En una pintura abstracta, puede reconocer figuras desarmadas por la geometría o la mancha, algún triángulo, un color formando un círculo o cualquier elemento geométrico.

Nuestra mirada vuelve a perderse en el vacío para iniciar un trayecto, aun en lo figurativo como en lo abstracto, encontrar las líneas horizontales que sostienen el trabajo, las verticales que lo encuadran y las oblicuas y curvas que le dan movimiento. En todas las posturas artísticas, es igual.

Este trayecto realizado por el ojo va tomando registro de la totalidad y de cada objeto en particular.

La intuición inconsciente se repite a lo largo del trayecto armado y se detiene donde el autor puso un signo, un detalle o una llamada para atraer la atención. Por ejemplo: El cielo está con nubes o la casa tiene una puerta abierta o el árbol tiene las ramas secas.

No olvidemos que para el espectador la percepción consciente sigue y seguirá siendo más fácil cuando se aferra a la imagen, a la figura reconocible, al objeto real. Es más fácil reconocer un objeto como una flor, aunque no esté bien hecha, que en un ámbito abstracto encontrar símbolos o estereotipos de flores.

Existe un nexo entre la música y la pintura que es notable, siendo la primera, compuesta para ser captada por el oído y la otra, por la vista.

Primero están los espacios o zonas tranquilas en la pintura que, en la música, también se espacian con un compás de silencio.

Al igual que en la pintura, en la música existen una figura y un fondo: El violín y la orquesta, el solista y el coro. Ninguno de estos puntos funcionaría sin el otro, ninguno vale por sí mismo.

Por supuesto que al tararear una canción estamos tarareando la melodía, al igual que cuando dibujamos un árbol estamos ilustrando ese objeto.

Pero nada vale en soledad, nada puede valer por sí mismo. El árbol vale en cuanto esté integrado a un paisaje o con el cielo, y la melodía podemos silbarla, mas en el contexto pensamos, al silbar, en el acompañamiento o fondo o en alguna evocación.

El músico, el pintor, el espectador o el cantante, tienen esa intuición al captar la totalidad o el signo que atrae o fija la atención.

También en música nos es difícil reconocer dos instrumentos tocando al mismo tiempo. Si la melodía es igual, podemos reconocer la melodía, por ejemplo en un coro dos voces o instrumentos entrando al mismo tiempo.

En la música clásica, el hilo que conduce la melodía puede ser tomado por otro o varios instrumentos unos compases después. Al compararlo con la pintura, en la que vemos varias líneas marcando el borde de un objeto, tiene que existir una sombra o un objeto al costado, no superpuesto ya que uno taparía al otro, no viéndose el de atrás.

Con el color es igual, se puede yuxtaponer un rojo y un verde y se potencian, pero si los superponemos nos encontramos que se anulan, convirtiéndose en grisáceos o marrones.

Muchas veces en la pintura nos gusta la imagen ya conocida, aunque sea antigua, y nos rebelamos ante una imagen que cambie nuestros conceptos: ante un abstracto diciendo que no se entiende, o que no nos gusta.

En música, nuestro oído se acostumbra a una melodía, la tarareamos, y cuando escuchamos un heavy- metal o un concierto dodecafónico no lo entendemos e inclusive puede resultarnos desagradable.

Existen muchas coincidencias entre la pintura y la música. Dentro de las artes son las más parecidas, se complementan en estilos; existe música y pintura barroca, música y pintura moderna, etc., relacionadas con el momento histórico y social, con sus adeptos y detractores. Aquí vemos que, dentro de las artes más parecidas entre sí, el ser humano tiene que ubicarse en la historia para poder expresarse y ser escuchado. © 2003


Susana Weingast





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