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"Diversas formas de expresión en el Arte"

ESPONTANEIDAD CREATIVA

Cuando se comienza a realizar un trabajo, es necesario que el autor purifique sus conocimientos preconcebidos, para así tener más flexibilidad al plasmar su obra y dejar aflorar la fantasía interior.

La obra no es más que una conversación entre el autor, su técnica, su forma de expresarse y el trabajo realizado. El autor se apoya en sus técnicas creativas, para lograr entrar en contacto con lo profundo de su personalidad y así sacar a la superficie su emoción interna para contemplarla conscientemente.

El autor toma distancia después de concluido su trabajo y ve si está conforme con lo que ha hecho.

Puede ser que en su quehacer no logre realizar lo que inició; se ponga obstáculos a sí mismo para evitar plasmar en ese momento lo que siente. Incluso puede llegar a evitar hacer el trabajo o mancharlo.

He ahí un gran círculo, un ir y venir en la proyección, un no permitirse, un reprimirse.

Mientras el artista forcejea con su medio, dice Anton Ehrenzweig, (1908-1966), está luchando, sin saberlo, con su personalidad inconsciente revelada a través de su obra.

La primera pincelada en un papel en blanco es la más difícil. Su espesor, contornos y tonalidades, dependen de la consistencia de la materia, de la proporción de líquido que tenga la técnica que el autor elige.

El dominio de la técnica, más allá de las perfectas o gastadas cerdas del pincel, determina la pincelada a usar. También puede existir un cambio de plan en medio de un trabajo, a esto se le llama “flexibilidad” al permitirse agregar o quitar alguna forma o material.

Cuando un trabajo comienza en forma intelectual y programada, el espacio pictórico estaría así tan imbuido de intelectualidad que los sentimientos a proyectar podría ser tapados.

Tenemos que reconocer la importancia del espacio pictórico, cuánto se exterioriza y cuánto se oculta., ya que el autor no puede evitar poner sus pinceladas individuales o su propia forma de ubicar los colores.

Los pintores modernos proyectan distintos caracteres pictóricos de colores, de vibración, que nos muestran signos individuales propios de la expresión subjetiva.

En la enseñanza artística, el profesor puede influir cambiando la técnica conocida por el autor, estimulando la sensibilidad y hacer que éste aprecie esos “accidentes” u “ocurrencias” o “derramar tintas, o pintura” que rompen esquemas y son útiles para trabajar automáticamente a niveles inconscientes.

Según Antón Ehrenzweig, la “pintura derramada” no la inventó Jackson Pollock, sino que ya se utilizaba desde mucho tiempo atrás, cuando se hacían guardas de libros antiguos que mezclaban la pintura al aceite y la pintura al agua. Esta mezcla se hacía para ver los caprichosos movimientos resultantes; en cada hoja había un movimiento distinto: remolinos, gotas flotantes, colores entrecruzados o semi-disueltos, etc.
Estos efectos que en su momento fueron accidentales, es decir no planeados conscientemente, condujeron a través de los años y de diversos experimentos de técnicas, al “action painting” que se caracterizó en mostrar la textura por sí misma. Años después Pollock, con sus torbellinos de salpicar y embadurnar, causa esa impresión de angustia arrolladora, incomprensible e impresionable.

El arte moderno es la mayoría espontaneidad que, al correr del tiempo, se convierte en cálculo. Cuando se automatiza en demasía, comienzan nuevamente las defensas internas a actuar, transformando la totalidad de la obra en algo tan mecánico que anula la espontaneidad interna del autor. Se entra así en un círculo vicioso, el cual vuelve a ocultar con el tiempo lo que al principio fue libre y auténtico. © 2003


Susana Weingast


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